24 semillas de algarroba, ¿valen su peso en oro?
The Guide

The Guide · 25 jun 2026

24 semillas de algarroba, ¿valen su peso en oro?

La respuesta corta es sí… y no. La historia real es bastante mejor.

La respuesta corta es sí… y no. La historia real es bastante mejor.

Cuando alguien dice que una joya es de "18 quilates" o que el oro más puro tiene "24 quilates", pocas veces se pregunta de dónde viene ese número. La respuesta está en un árbol que cualquier ibicenco conoce bien: el algarrobo. En ibicenco, Garrover. En botánica, Ceratonia siliqua. Y en los campos de la isla, un viejo conocido que da sombra, fruto y, según resulta, también le puso nombre al oro.

Balanza con lingote de oro y semillas de algarroba: así nació el quilate

Una semilla con superpoderes

Las semillas de algarroba eran conocidas desde la antigüedad por tener un peso extraordinariamente uniforme, lo que las hacía ideales para usarlas como medida en el comercio. Una semilla pesa aproximadamente 0,2 gramos. En una época sin básculas de precisión, esa consistencia era casi un milagro de la naturaleza. Esas semillas pesaban igual en Grecia, en Egipto o en la costa de Iberia. Un comerciante podía recoger un puñado de algarrobas en cualquier puerto del Mediterráneo y tener siempre la misma referencia. Era la naturaleza haciendo de notaria.

Vainas y semillas de algarroba (Ceratonia siliqua) en mesa de madera con buganvilla mediterránea, Ibiza

De la vaina al vocabulario

La palabra quilate viene del árabe qīrāṭ, nombre de la semilla de la algarroba, que a su vez procede del griego kerátion, literalmente "cuernecillo", por la forma curva de la legumbre. De ahí también viene Ceratonia, el nombre científico del árbol: el árbol de los frutos en forma de cuerno.

El recorrido de la palabra es tan mediterráneo como el propio árbol: griego → árabe → español. Y por el camino, se quedó pegada para siempre al oro.

¿Y los 24 quilates?

Aquí viene el giro. Con el paso de los siglos, el quilate dejó de ser una unidad de peso para convertirse en una medida de pureza. En una aleación que contiene oro y otros metales, un quilate equivale a 1/24 de oro puro. Es decir, el oro de 24 quilates es oro puro al 99,99%. Así que cuando dices "oro de 24 quilates", estás diciendo, sin saberlo, que ese oro vale exactamente 24 semillas de algarroba. No en peso, sino en pureza absoluta.

El árbol que no necesita presentación

Algarrobo (Garrover) en campo de Ibiza con paredes de piedra seca: el árbol que inventó el quilate

Los algarrobos daban alimento en las malas y sombra en las buenas, especialmente durante la posguerra, cuando la hambruna obligaba a aprovechar un fruto que apenas gozaba de consideración. Hoy los campos de Ibiza siguen salpicados de estos árboles de tronco retorcido y copa generosa. En Baleares el cultivo del algarrobo representa en torno al 20% del conjunto de la producción española, la mayor del mundo.

Un árbol modesto, resistente, que no necesita casi agua ni suelo fértil. Que da fruto a los ocho años y puede vivir más de 150. Y que, sin pretenderlo, le dio nombre a la unidad con la que el mundo mide el oro desde hace más de dos mil años.

La próxima vez que veas un algarrobo en un campo de Ibiza, ya sabes: estás mirando el árbol que inventó el quilate.

Pablo Gumucio, Capeï Ibiza
Capeï Ibiza · San Antonio, Ibiza

No soy ibicenco. Y lo digo sin complejos, porque creo que precisamente eso me da una perspectiva diferente para contarte una historia distinta: la de alguien que llegó de fuera, se enamoró de la isla y, con el tiempo, consiguió que la isla le abriera las puertas a la verdad, la que no te venden.

Hace casi 25 años me casé con una ibicenca. Su familia lleva generaciones aquí, son los propietarios de Capeï Ibiza, uno de los pocos lugares que quedan donde todavía se respira algo genuino, familiar y con identidad. Esa familia me enseñó con los años una Ibiza que no se encuentra en las guías. Una Ibiza que se transmite de boca en boca, de generación en generación, entre personas que conocen cada rincón de la isla porque han vivido en ella siempre.

Llevo más de doce años residiendo en Ibiza de forma permanente. Y cuanto más tiempo paso, más me sorprende la distancia que existe entre la isla que se vende y la isla que es, la real.

Las guías repiten siempre lo mismo: las calas, las fiestas, los atardeceres. Todo eso es cierto, pero Ibiza guarda algo mucho más valioso que eso, historias fascinantes, tradiciones antiguas, curiosidades que te hacen ver la isla con otros ojos. Cosas que están ahí, a la vista, pero que pasan desapercibidas cuando solo tienes una semana de vacaciones.

Este espacio es mi granito de arena para contarte esa otra Ibiza. Sin filtros, sin estereotipos, sin adornos. Solo lo que he aprendido con el tiempo, la familia y con el privilegio de haberme quedado.

P.Gumucio