Capeï debe su nombre al capell de floc, el sombrero más emblemático de la cultura payesa de Ibiza. Una pieza de artesanía que lo dice todo sobre la isla: paciencia, naturaleza, identidad.

El capell de floc —literalmente "sombrero de borla" en ibicenco— es el tocado tradicional que las pageses ibicencas han llevado durante siglos como parte de su indumentaria más característica. De ala ancha y copa baja, se confecciona a mano trenzando palmito, la misma palma silvestre que los campesinos usaban para hacer escobas. Antes de coserlo, el palmito se secaba y se impregnaba con azufre durante 40 días para conseguir ese color blanco tan característico. Después, el proceso de costura podía prolongarse entre dos y tres meses. Un sombrero que podía tardar casi un año en completarse.
Cada capell de floc necesita una media de 90 metros de llata de palmito, que se cose en espiral con mucho cuidado de no tensar la trenza con las puntadas. Su elaboración es tan compleja que una pieza auténtica puede alcanzar los 1.200 euros.
Hoy el capell de floc aparece casi exclusivamente en los grupos folklóricos y en las fiestas payesas de la isla, aunque artesanas como las de la asociación Es Retorn trabajan para que este oficio no se pierda, impartiendo talleres y llevando la artesanía ibicenca hasta ferias internacionales.

Sobre el nombre Capeï
En ibicenco, la doble l de capell se pronuncia como una i suave, algo natural para cualquier hablante de la lengua local pero que puede resultar opaco para quien llega de fuera. Por eso hemos adaptado la grafía: escribimos Capeï, con diéresis, para que cualquier visitante —venga de donde venga— sepa desde el primer momento cómo pronunciar nuestro nombre. Pero la diéresis tiene también un segundo significado: visualmente, esos dos puntos sobre la i evocan la silueta del sombrero, el ala ancha del capell asomando sobre la letra. Una señal discreta de identidad, como debe ser todo lo que viene de esta isla.
En Capeï hemos querido rendir homenaje a este símbolo. Un bar abierto al Mediterráneo que lleva el nombre del sombrero con el que los pagesos de Ibiza se protegían del sol. Porque esta isla siempre ha sido mucho más que una fiesta: es una cultura enraizada en la naturaleza, el trabajo artesanal y el orgullo de lo propio.