Y nadie lo invitó.
Este verano, mientras los vuelos descargan decenas de miles de visitantes en el aeropuerto de Ibiza, hay uno que llegó antes que todos. No reservó vuelo ni hotel. No vino a ver el atardecer ni a bailar en un club. Llegó escondido en el tronco hueco de un olivo centenario, a principios de los años 2000, probablemente en el maletero de un camión contratado por algún propietario de villa que quería un jardín con carácter mediterráneo.
Es la culebra de herradura. Y en este momento, es el animal más presente en la isla.

La serpiente que vino de la Península con equipaje de lujo
La Hemorrhois hippocrepis es una serpiente no venenosa originaria de la Península Ibérica y el norte de África. No es especialmente llamativa en su territorio de origen. Pero algo pasó cuando llegó a Ibiza: sin depredadores naturales que la controlen, con comida abundante y sin competencia, empezó a crecer. Los ejemplares capturados en la isla llegan a medir dos metros y pesan dos veces y media más que sus congéneres peninsulares. El paraíso le sienta bien.
El origen de la introducción apunta directamente a una moda extendida entre los propietarios de alto poder adquisitivo de la isla: la importación de olivos centenarios desde la Península para decorar fincas y jardines. Los huecos y cavidades de esos troncos milenarios son refugios perfectos para que una serpiente hiberne, ponga huevos o simplemente viaje sin ser vista. Nadie lo comprobaba. Nadie sabía que había que hacerlo.
Un olivo de diseño. Una serpiente de polizón. Una catástrofe en cámara lenta.
Los números de una invasión sin precedentes en Europa
En 2010, la culebra de herradura ocupaba menos del 5% del territorio de Ibiza. En 2016, ya había conquistado el 40%. En 2025, supera el 90%. Los científicos del CREAF (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales) que llevan años monitorizando la situación advierten de que la velocidad de expansión no tiene precedentes entre los ofidios invasores en Europa.
El cálculo es frío: antes de que termine 2027, la serpiente habrá colonizado el 100% de la isla.
La víctima: el único vertebrado que es de aquí de verdad
Si a alguien debería preocuparle la llegada de este turista indeseado, es a la lagartija pitiusa (Podarcis pityusensis). No porque le moleste compartir espacio, sino porque la serpiente se la come. Literalmente y sin remordimientos.
La lagartija pitiusa es el único vertebrado endémico de las Pitiusas. Eso significa que no existe en ningún otro lugar del mundo: solo en Ibiza, Formentera y los 39 islotes que las rodean. Y no es una sola especie uniforme: en cada islote ha evolucionado de forma independiente durante miles de años, desarrollando 28 subespecies distintas con coloraciones que van del verde al azul, del negro al naranja, del gris al marrón. Cada población es un experimento evolutivo único.

En el islote de Santa Eulària se contaron 72 lagartijas en 2016. En 2023, quedaban 3. En mayo de 2025, ninguna.
Cuando la serpiente conquista una zona, puede tardar menos de tres años en borrar por completo la población de lagartijas que la habitaba. Oriol Lapiedra, investigador del CREAF, lo resume sin rodeos: "Perder estas poblaciones evolutivamente únicas significa que nunca volveremos a ver ejemplares iguales."
El giro que nadie esperaba: aprendió a nadar
Por si fuera poco, la culebra de herradura ha roto una de las últimas barreras que protegían a las lagartijas: el mar.
El 15 de abril de 2024, una cámara grabó por primera vez a una culebra cruzando 430 metros de mar abierto desde la costa de Ibiza hasta el islote de Santa Eulària. No fue un accidente. Desde 2015 se han documentado 14 avistamientos independientes de serpientes nadando en aguas abiertas. Algunos ejemplares han completado travesías de más de tres kilómetros.
Los islotes eran el último refugio. La barrera que durante millones de años protegió la evolución de estas lagartijas únicas se ha vuelto porosa. Y las serpientes lo saben.
Una paradoja irónica: las ciudades como santuario
Hay un detalle que dice mucho sobre la situación actual: en los núcleos urbanos, las lagartijas resisten mejor. No porque la serpiente las respete, sino porque los coches, los perros y los residentes eliminan más serpientes que en el campo. Las ciudades, ese espacio que solemos asociar con la destrucción de la naturaleza, se han convertido en uno de los pocos refugios funcionales para el único vertebrado endémico de la isla.
Lo que se está haciendo
El Govern de les Illes Balears lleva años instalando trampas. En 2025 se superaron las 4.400 capturas en las Pitiusas. Desde 2016, el total acumulado supera las 16.000 serpientes capturadas. El Zoo de Barcelona ha puesto en marcha un programa de cría en cautividad con criterios genéticos — una especie de Arca de Noé para lagartijas — con el objetivo de preservar la diversidad genética y, quizás, repoblar la isla en el futuro.
Los científicos son claros: la erradicación total de la serpiente es inviable. El objetivo es contener el avance, proteger los refugios que quedan y salvar cuantas líneas genéticas sea posible antes de que desaparezcan.
Por qué te contamos esto desde Capeï
Porque llevamos aquí suficiente tiempo como para recordar cuando las lagartijas corrían por todas partes. Porque Ibiza no es solo un destino de fiesta — es un ecosistema con millones de años de historia que está cambiando delante de nuestros ojos. Y porque si pasas unos días en la isla, merece la pena que sepas lo que está pasando bajo la superficie, además de lo que pasa encima del escenario.
La próxima vez que veas una lagartija en Ibiza — como las que todavía se acercan sin miedo a las mesas de Capeï — obsérvala un momento. Podría ser una de las últimas.